Debemos tener la seguridad de que los cambios que se intenten sean buenos para todos.
La magia es una conexión; todo se halla conectado por medio de hilos invisibles que forman una serie de redes; a su vez son redes que se conectan entre sí y crean el patrón de la vida. Es inmensa y delicada, pues un acontecimiento que afecte a una de sus partes repercutirá en el todo. La razón es que la materia que la compone es espíritu, llamado “quinto elemento”. Con los rituales creamos nuevos patrones en esta gran red de espíritu; hay que respetar el bienestar de toda la red.
Primero se ha de pensar si se necesita el conjuro de verdad; luego hemos de preguntar lo que realmente necesitamos.
Hay una referencia común que es la Ley del Triple Retorno: aquello que lanzamos al universo regresa a nosotros multiplicado por tres.
No resulta posible cambiar la voluntad de alguien para someterla a la nuestra, porque esa carencia se incrementa.
Otra ley general de la magia es la que se refiere a las propiedades amplificadoras del círculo mágico. La mayor parte de la magia tiene lugar dentro de un círculo mágico, espacio donde la energía surgida de los encantamientos queda contenida hasta que madura para ser liberada y actuar.
La ética de la magia es de naturaleza práctica y se basa en el sentido común; si se entra en el círculo mágico con respeto hacia ti mismo y hacia los demás, se obtendrá el éxito deseado.

Imaginemos a alguien enamoradísimo de su pareja, una relación fuerte de mucho tiempo y de pronto la pareja le hiere con crueldad y se va… nadie está libre de pasar por una situación como ésta. En algún momento el desamor se convierte en el verdugo más cruel que podamos imaginar. Cuando sentimos que al alejarse la persona que amamos se nos va la vida, no importa el trabajo, el apetito desaparece y no tenemos ganas de seguir adelante, comenzamos a enfermar.
Es común que el círculo de amigos intenten disminuir nuestro sufrimiento con frases como “hay muchos peces en el agua”, “no es para tanto” o “estás obsesionada”, pero aquello que la gente llama obsesión no es sino un deseo inconsciente de querer vivir.
El corazón herido por un desamor late con menos frecuencia, las señales que manda el cerebro al resto de células del cuerpo es de cansancio, de rechazo y al recibir información carente de necesidades no asimilan los nutrientes que les llega por el torrente sanguíneo. El hambre se traduce en apatía y sin proteínas la persona adelgaza, el entendimiento es tardío y el apoyo de los amigos es: “no era para tanto”. Cuán importante es para aquel que sufre como para su entorno entender que el amor también enferma, que un estado mental rápidamente expone su malestar en la salud de todo el cuerpo.
Pero tampoco es una alarma grave. Podemos compararlo con un resfriado, la enfermedad comienza y debe continuar con todos los síntomas hasta desaparecer. Puedes tomar una pastilla para mejorar un poco, o comer un helado para “cortar la gripe” como dicen las leyendas urbanas y empeorar terriblemente. En la enfermedad del corazón partido el proceso es lento e irreversible, pero se desvanece dejando apenas recuerdos. La medicina podría ser regresar al origen de todo, uno mismo, dependiendo de la personalidad del doliente. El helado en este caso sería empeñarse en buscar al causante de nuestro dolor, verlo “por última vez” y al comienzo dará la sensación de mejorar, el corazón bombea sangre a mayor velocidad, el cerebro libera endorfinas en cantidades que para los últimos días son inmensas y tenemos la ilusión de que esa persona que nos ha dañado tanto es la cura a nuestro dolor. Nada más lejos de la realidad. El bajón que se produce luego de una visita al pasado es terrible y en muchas ocasiones adictiva.
Lo mejor que se puede hacer en este caso es un ritual para el amor que hace encontrar a la persona su verdadero valor como individuo y abrir el camino a la recuperación. La persona enferma debe vestirse de blanco, encender una varilla del aroma que más le agrade (cuidado con que uno de estos objetos perturben al traer recuerdos), tomar asiento en un lugar muy cómodo y sujetar una vela blanca con ambas manos. Procura que sea durante la tarde, antes de caer la noche para que la luz de la vela no sea la única iluminando a los presentes, o solo a la persona doliente si es en solitario. Cuando el cuerpo entre en un estado de calma y el ambiente se torne acogedor deberá rezar con infinita devoción y fe en cada una de estas palabras:
“El amor es sufrido y bondadoso.
El amor no es celoso, no se vanagloria,
no se hincha, no se porta indecentemente,
no busca sus propios intereses, no se siente provocado.
No lleva cuenta del daño.
No se regocija por la injusticia,
sino que se regocija con la verdad.
Todas las cosas las soporta, todas las cree,
todas las espera, todas las aguanta. El amor nunca falla”
Terminado el ritual procure que la persona se alimente correctamente, evitar harinas preparadas y azúcar, poca fibra y mucha agua, un consomé de gallina sería ideal.
El espacio para desarrollar la magia es sagrado.
Crearlo es simple, pero requiere concentración y claridad de objetivos; puede valer cualquier espacio de la casa; después, los desechos psicológicos son difíciles de limpiar; es mucho más fácil, con la práctica, pasar mentalmente al modo ritual.
La forma más natural del espacio sagrado es el círculo; sirve de límite y de protección. Se trata de despejar un espacio, sentarse en el suelo, y colocar cuatro velas (una amarilla, una roja, una azul y una verde) en puntos que coincidan aproximadamente así: el este con la amarilla, el sur con la roja, el oeste para la azul y el norte para la verde.. Representan las velas cuatro de los cinco elementos sagrados:aire, fuego, agua y tierra; se ha de colocar en el centro una vela púrpura como representación del espíritu(el quinto elemento mágico). Primero hay que limpiar psicológicamente el espacio antes de formar el círculo; se trata de purificar con poco de agua y bendecir un puñado de sal, mezclar ambos ingredientes y salpicar la mezcla por la habitación.; se coloca la mano sobre un vaso o vasija de cristal, luego se visualiza cualquier energía que pudiese haber absorbido el agua como si fuera humo oscuro que sale del vaso, y decir: “Yo te exorcizo, oh criatura del agua”. Entonces, se apoya la mano sobre la sal y se bendice diciendo: “Sea bendecida esta criatura de sal”; se vierte en el agua y se mezcla, para finalmente salpicar toda la habitación en el sentido de las agujas del reloj. Con una varita, un cuchillo o el dedo índice, y empezando desde el este, has de moverte en el sentido de las agujas del reloj alrededor del cuarto para describir un círculo de luz en el aire.; se ha de abarcar toda la habitación; absorbe energía de la tierra a través de tus pies y siéntela llegar hasta la varita, cuchillo o índice. Cuando el círculo se finaliza, se declara establecido, por ejemplo: “Te conjuro, oh círculo de poder, para que te conviertas en límite y protector de este espacio entre dos mundos”.
Momento de la aplicación:
Mejor durante la luna creciente y en lunes, en honor de la Luna, reina de las Mareas; practícalo en la fase en que la marea crece y está apunto de cambiar de estado.
Necesitarás: una manzana madura; una navaja; una aguja de bordar gruesa; una cucharadita de azúcar; una vela azul.
Procedimiento:
1) Buscar un lugar privado junto al agua.
2) Respirar profundamente, y relajarse.
3) Corta la manzana por la mitad, horizontalmente, de tal manera que quede a la vista la estrella de cinco puntas; ahueca las manos para coger una mitad en cada una, mira al agua y di las líneas siguientes nueve veces:
“Junto al agua de mi sangre, junto a los ríos de la tierra, junto a las mareas de la luna, envíame a alguien que me valore”.
4) Dejar a un lado la mitad de la manzana que se sostiene con la mano derecha, y por medio de la aguja, dibujar en la otra mitad un triángulo equilátero que apunte hacia abajo (símbolo del agua), más las letras de tu primer nombre y la silueta de una luna creciente.
5) Viértele encima media cucharadita de azúcar y tírala al agua, lo más lejos que tú puedas. Cubre la otra mitad de la manzana con el resto del azúcar y cómetela.
6) Cuando vuelvas a tu casa, enciende la vela azul para honrar tu deseo y déjala encendida hasta que se consuma.
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