
Es tan fácil caer en una relación equivocada que los gritos, golpes, amenazas y ganas de venganza al terminar no son una novedad. Él te lastimó y quieres vengarte, te fue infiel con tu mejor amiga y quieres vengarte, te hizo algo horrible cuando estaba ebrio y todo tu árbol genealógico quiere vengarse. El resto del mundo nos preguntamos: y después qué? Acaso el desdichado vive mejor y más feliz sabiendo que su vecino también es desdichado? Te sientes compensada siendo infiel por venganza? La pregunta que hacen la mayoría de abogados y jueces en todo el mundo: acaso matar al asesino de tu hijo hace que el niño regrese? Aunque en sociedades antiguas era permitido a la familia del difunto cobrar venganza.
El deseo de venganza podría categorizarse como “justicia”, ese tipo de justicia que concebimos la mayoría de las personas como “igual para todos”. La verdadera justicia significa en realidad “a cada quien lo que le corresponde” y es difícil de practicar porque implicaría que cada cosa que nos sucede o agresión que recibimos es porque lo merecíamos. Nadie aceptaría por ejemplo que merecía ser engañada, que esa traición la tenía bien merecida o que ese dolor es de justicia. No, las personas no sabemos aceptar, no perdonamos, no olvidamos. Y buscamos hacer nuestra propia justicia con un pensamiento fijo: “pagarás lo que me hiciste”, y esta sentencia busca causar daño más aún que reparar el ya recibido.
Es mucho más sencillo vengarse que perdonar. Si analizamos todo el proceso de nuestro sufrimiento hasta parece lógico: estado normal, alguien nos hiere, lloramos, nos preguntamos porqué y al no obtener una respuesta contundente (de hecho siempre hay una respuesta pero no es la que queremos escuchar) una idea nos da vueltas en la cabeza: no es justo, no es justo, no es justo y decidimos igualar la balanza a nuestra manera. Incluso algunos estudios de psicología demuestran que el quedarse con la idea de injusticia rondando en la imaginación si concretar nada la persona puede adquirir el síndrome de victimización.
Para este ritual vístete de blanco con ropa completamente nueva, camisa, zapatos, polera, vestido, pantalones, lo que vayas a usar. Necesitarás además doce velas blancas. Espera a una hora donde la luz del sol alumbre suavemente y arma con las velas un circulo en el suelo, el oficiante en medio. Enciéndelas y mantente de pie por espacio de 10 minutos. Siente el calor de las velas y la luz que refleja la ropa blanca. Eres luz, este hechizo te llena de luz y cada rincón de tu cuerpo y tu alma se iluminará. Cuando hayas alcanzado serenidad reza con mucha devoción esta plegaria:
Señor Jesús, ilumina mi camino
Despoja mi corazón de odio y rencor
Que mis impulsos no generen más oscuridad
Cuida más bien de mi nuevo andar.
Este ritual lleva por titulo : para concretar una venganza, y si lo leíste es alarma roja. Mira dentro de tu corazón sin quejarte, no eres un niño pidiendo caramelos, eres una persona adulta con un conflicto infantil. Mira en tu corazón, ¿qué necesitas para que todo esté mejor? Que tu pareja se muera? Vamos… eso no repara absolutamente nada, y si te saca una sonrisa saber que sufre algún mal no es una buena señal… la oscuridad se apodera de tu ser.
La venganza no da ningún fruto en ninguna parte del universo. Recuerda que el universo está eternamente en equilibrio y aquello que merece caer caerá, hagamos lo que hagamos.
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